Un mínimo de práctica produce cambios permanentes en el cerebro

Investigadores en la Universidad McMaster, en Canadá, han encontrado que los efectos de la práctica sobre el cerebro tienen un soprendente poder de persistencia. Tras practicar la identificación de imágenes por dos horas, los participantes fueron capaces de recordarlas un año después. El trabajo abre interrogantes de importancia ante el bombardeo sensorial que sufrimos a diario, especialmente los niños.

A lo largo de dos días, los participantes debieron identificar un rostro específico o un patrón abstracto dentro de un conjunto mayor de imágenes. La tarea era desafiante, porque las imágenes estaban degradadas, por ejemplo los rostros no aparecían enteros, y eran presentadas muy brevemente.

Como es natural, los participantes mostraron dificultades para identificar las imágenes al principio, pero con la práctica mejoró su precisión.

Un año más tarde se los convocó para repetir la tarea con el mismo conjunto de imágenes, ya conocidas, y con otro enteramente nuevo.

Los investigadores descubrieron que cuando los participantes trabajan con las imágenes conocidas, su precisión al reconocerlas era alta pese a no haberlas vuelto a ver durante un año o más, pero caía dramáticamente con las nuevas imágenes, pese a que eran muy similares a las ya aprendidas.

“Encontramos que este tipo de aprendizaje, llamado ‘aprendizaje perceptual’, es muy preciso y persistente”, afirma Zahra Hussain, responsable del estudio y graduada en el Departamento de Psicología, Neurociencia y Comportamiento de McMaster, ahora trabajando en la Universidad de Nottingham. “Estos efectos de largo plazo surgen de una relativamente corta experiencia con los patrones, unas dos horas, seguidas por un vacío de varios meses, e incluso años”.

“Durante esos meses los participantes deben haber visto miles de rostros, y sin embargo conservaron la información precisa sobre los rostros que habían visto en nuestro laboratorio un año antes”, dice Allison Sekuler, coautora del estudio y profesora del Departamento de Psicología. “El cerebro realmente parece aferrarse a cierta información, lo cual es muy promisorio para el desarrollo de técnicas de entrenamiento cerebral, pero también genera interrogantes sobre qué pasa en función del desarrollo. ¿Cuánta información almacenamos a medida que crecemos? ¿Y cómo cambia el tipo de información almacenada a lo largo de nuestras vidas? ¿Cuál es impacto de almacenar toda esa información potencialmente irrelevante, en nuestra capacidad de aprender y recordar información de importancia?

Sekuler y sus colegas tienen en mente a los niños que hoy crecen en un mundo que los bombardea con información sensorial, y se preguntan qué pasará con ellos.

“Todavía no conocemos las implicancias de largo plazo que tiene retener toda esta información, por lo cual es muy importante comprender sus fundamentos fisiológicos”, sostiene Patrick Bennett, coautor especializado en Ciencias de la Visión. “Estos resultados garantizan la continuidad de los estudios sobre cómo optimizar nuestra habilidad para entrenar al cerebro a fin de preservar aquella información que pueda considerarse valiosa”.

Artículo tomado de:

http://sintesis-educativa.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=509:un-minimo-de-practica&catid=7:internacionales&Itemid=3

Acerca de tonavasseur2011
Contador Público y Psicopedagoga. Mi pasión: la Matemática... en un continuo aprender y enseñar

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